¿Qué une a los pueblos? III (Conflicto)

Conflicto:

Paradojicamente he llegado a la conclusión que eso que une a los pueblos es lo mismo que los separa. Es como una frontera que si es superada con éxito garantiza al menos un conocimiento trascendente en la historia de los mismos.

En cierta forma es parecido a eso que nos une y separa con otro individuo o lo que une y separa nuestro propio ser.

“Conflictus” proviene curiosamente de dos significados principales:

Con(convergencia, unión) y Flicto(golpe, choque).

Para la mayoría el conflicto es algo no deseado, sin embargo es inevitablemente necesario que exista.

Es cierto que cuando se está en conflicto, casi siempre, somos incapaces de percibir las implicancias que éste puede tener en un futuro para nuestras vidas y aunque no todos los conflictos producen cambios positivos, sí, al menos, deberían producir cambios mínimos que justifiquen su costo, es por esto que necesitamos entender principalmente que es y que no es un conflicto.

No halle una definición textual de Karl Marx, sin embargo podemos encontrar alguna idea en la que da entender que conflicto es una lucha entre voluntad y resistencia;

“Una relación social es de lucha, cuando la acción se orienta por el propósito de imponer la propia voluntad contra la resistencia de la otra u otras partes”.

Sin embargo, esta definición se enfoca en un estado avanzado de un conflicto denominado “Lucha”.

He encontrado definiciones muchos más amplias que extienden el horizonte para posibles resoluciones; Max Weber fue un alemán del siglo pasado cuyo pensamiento se lo puede englobar en una posición de centro, una indiscutible personalidad de su tiempo, para muchos, uno de los padres de la sociología moderna, decía que;

“El conflicto es una incompatibilidad entre conductas, percepciones, objetivos y/o afectos entre individuos y grupos, que definen sus metas como mutuamente incompatibles”.

Sigue diciendo;

“Puede existir o no una expresión agresiva de esta incompatibilidad social ya que en el conflicto intervienen una multiplicidad de factores de carácter psicológico, social, político, económico, histórico y cultural, el análisis del conflicto no debe hacerse únicamente desde una disciplina, ese análisis debe tener una perspectiva holística, tratando de integrar los diversos niveles de la realidad que le inspiran y anteceden o que le sustente”.

Continuando la idea de encontrar el límite; una de las interpretaciones más negativas que tiene este término, es cuando habitualmente se la usa como sinónimo de “guerra”:

Cuando esto sucede la amenaza de destrucción y muerte, distorsiona enormemente el significado, impide ver el potencial verdadero de un conflicto y lo reduce, llevándolo a una “beligerancia”.

Hay algunos conceptos que nos van a ayudar a entender mejor esa encrucijada;
Disenso, consenso, consentimiento y sometimiento:

El conflicto nace con un disenso, es el ideal superarlo con consensos, los consensos generan a su vez consentimientos de ambas partes.

Pero, muchas veces, se necesita recurrir a pactos, tratados o laudos temporales. Los pactos, no pueden ser mantenidos en el tiempo, sobre todos si estos son arbitrados, porque nunca aportan soluciones superadoras, ya que siempre hay un consentimiento forzado de alguna de las partes, qué tarde o temprano se desgasta y desata en un nuevo conflicto.

Ahora, el subestimar, desestimar, menospreciar en fin busquen todos los sinónimos que se les ocurra, incluso el “quiero flan” vale, sólo puede pretender el sometimiento de una voluntad por sobre la otra.

No poder ver el grado del daño, al que puede escalar un conflicto mal resuelto, ha sido un común denominador en la historia de los pueblos, quienes se han convertido muchas veces en los portadores de su propio exterminio.

Se dice que una de las revanchas más terribles que se cobró la historia fue la epidemia de fiebre amarilla que aconteció allá por diciembre de 1870 y tuvo su origen en los despojos que dejo de la guerra genocida de la triple alianza. Supongo que pocos tendrán argumentos para negar que nadie pudo prever tal acontecimiento, las repercusiones que tuvo una guerra de tal magnitud alcanzó varios siglos en el tiempo.

Paraguay paso de ser la nación más avanzada y menos endeudada, con mayor proyección de la región, a la primera mendiga del dinero de Inglaterra, paso de tener el mayor índice de alfabetización y poseer una industria pesada lo que le permitió construir los primeros trenes barcos de América del Sur a ser una nación desvastada, casi exterminada.

Al respecto Juan Bautista Alberdi expresaba:

“…la guerra no tiene más que un objeto y un fin, aunque lo cubran mil pretextos: es el interés de ocupar y poseer el poder. El poder es la expresión más algebraica y general de todos los goces y ventajas de la vida terrestre, y se diría que de la vida futura misma”.

Su enfoque necesariamente pragmático dado el contexto en el que se expreso, definió de manera real y perfectamente adaptable a nuestro tiempo, el origen y el fin de la guerra.

Es incuestionable como, cada vez menos conflictos nacen de los propios pueblos, de hecho sembrar conflictos se ha convertido en un común denominador de las luchas de poder modernas(estrategias problema – reacción – solución), cuyos nichos conocen bien las consecuencias y las persiguen para lograr sus fines, es por eso que necesitan ocultar y/o desinformar sobre las verdaderas intenciones y consecuencias a las que puede escalar un conflicto.

Ninguna escusa cabe ya, esta sellado en la historia, países como Inglaterra, no colonizaron Indias y África para llevar desarrollo y seguridad a los pueblos, esa fue la escusa para saquear los recursos naturales y cuando no les era posible hacerlo por las razones políticas de la región conspiraban, y terminaban participando casi anónimamente de guerras ya sea de manera industrial o financiera.

Ese esquema prevalece, las herramientas han evolucionado el mundo digital hoy pone en sus manos nuevas formas de manipulación y control, pero el fin sigue siendo el mismo; hacerse con poder, llegar y saquear los recursos naturales y/o humanos,  todos los que se pueda.

Sí, hoy como ayer, existe en la realidad una trampa, si no se observa con detenimiento es muy difícil escapar de ella, es la “trampa de las potencias”. En sus juegos de guerra atrapan naciones jóvenes y frágiles, que poseen recursos deseables, les inoculan ideales, antinaturales, distintos  a los que deberían perseguir, para así lograr la prosperidad, al contrarío, se generan conflictos que se degradan y desangran en luchas que no les pertenecen.

Ningún tipo de orquestación, por parte de los conspiradores silenciosos, a veces es requerida, simplemente los pueblos jóvenes van de bruces, seducidos por una realidad, en apariencia ideal, qué es vendida por elites qué se justifican en la historia y el camino recorrido por su propio pueblo, aunque estos ideales casi nunca son extrapolables, mucho menos esto, le otorga la autoridad de acelerar el natural cause de las demás naciones.

Entiendo entonces que la principal forma de ver un conflicto, es como;

Una oportunidad de cambio inminente.

Y para resolverlo, es necesario que los actores del mismo vivan las consecuencias del “no cambio” y que perciban fundamentalmente los dos puntos más importantes de éste:

“El origen y el fin* de un conflicto” para entender su naturaleza y así poder darle la legitimidad que se merece.

Se debe entender que conflicto y guerra son “antagónicos”, sí, definiendo guerra en oposición, podemos entender cuando algo deja de ser un conflicto.

Guerra = Destrucción
Conflicto = Construcción

Vivir un conflicto como una oportunidad sin duda requiere cierta apertura mental.

Entonces si los conflictos son oportunidades de cambio latentes y las oportunidades moldean la forma de pensar de los individuos, cuando estos rompen sus esquemas mentales y construyen nuevos, proyectan su futuro.

El punto culmine de unión de los pueblos no está en la resolución de un conflicto, se encuentra en la obra producto de esa unión que dejaran tras de si y será el legado para las siguientes generaciones y para el mundo.

Atrás  → ¿Qué une a los pueblos? II (El pueblo).

Principio → ¿Qué une a los pueblos? I (Introducción).

*Fin: Entendido como conclusión, objetivo. Pero también, cuando el término deja de tener una definición conceptual precisa, para tener otra distinta.

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